En este artículo 5 apartados
En pocas palabras
- El 8% de 705 pacientes operados de desprendimiento de retina con fóvea desprendida desarrolló un agujero macular secundario; la pérdida del cono de Müller multiplicó el riesgo por más de cuatro.
- Prácticamente todos los macroaneurismas arteriales retinianos se resolvieron; tratar acortó la resolución (un año frente a año y medio), sin diferencias significativas en la visión final.
- Solo el 8% de 172 diabéticos de una consulta de retina tenía la tensión normal y el 53% estaba en estadio 2.
- El 69% de los hipertensos creía tener buen control, pero el 80% seguía con cifras de hipertensión.
Bienvenidos a un nuevo episodio de Tendencias en Retina. Hoy repasamos tres trabajos que abordan problemas muy distintos y que van de la cirugía vitreorretiniana a la retina médica y a la salud general del paciente.
Empezamos con un estudio que intenta predecir el riesgo de agujero macular tras la cirugía del desprendimiento de retina regmatógeno con mácula desprendida. Después nos centramos en los macroaneurismas arteriales retinianos: cuándo basta con observar y cuándo conviene tratar. Y cerramos con un factor que influye en la progresión de la retinopatía diabética y que a menudo damos por controlado: la tensión arterial.
Agujero macular secundario tras cirugía de desprendimiento de retina con fóvea desprendida
El primer artículo, publicado en la revista Retina, analiza los factores pronósticos del agujero macular secundario tras la cirugía del desprendimiento de retina regmatógeno con fóvea desprendida, así como los resultados visuales postoperatorios.
Por qué importa
El agujero macular secundario es una complicación poco frecuente del desprendimiento de retina regmatógeno, pero cuando aparece supone una pérdida de visión central muy difícil de recuperar. Hasta ahora, la mayoría de los estudios se habían centrado en hallazgos de la OCT postoperatoria para predecir su aparición. La pregunta es si hay algo en la OCT preoperatoria que permita anticiparlo.
Diseño del estudio
Los autores revisaron de forma retrospectiva 705 pacientes con desprendimiento de retina regmatógeno y fóvea desprendida confirmada por OCT, operados entre 2015 y 2023. Dos especialistas enmascarados leyeron las OCT preoperatorias y un tercero resolvía los desacuerdos.
El estudio se centra en dos hallazgos de la OCT preoperatoria:
- Desprendimiento de la capa bacilar: una separación dentro de la propia retina, a la altura de los fotorreceptores, que se ve como un espacio oscuro entre dos bandas hiperreflectivas.
- Pérdida del cono de células de Müller: el andamio en forma de cono invertido en el centro de la foveola que da estabilidad a la fóvea frente a la tracción.
Resultados
Tras la cirugía, 57 pacientes (un 8%) desarrollaron un agujero macular secundario: 33 lamelares y 24 de espesor completo. De mediana, se diagnosticaron casi cuatro meses después de la intervención.
En el análisis multivariante, el factor más potente fue la pérdida del cono de células de Müller, que multiplicó por más de cuatro el riesgo de agujero macular secundario. El desprendimiento de la capa bacilar lo multiplicó por dos y medio. También aumentaban el riesgo un desprendimiento más extenso y una fóvea más fina.
Al analizar por separado los dos tipos de agujero, el desprendimiento de la capa bacilar se asoció sobre todo al agujero lamelar, mientras que la pérdida del cono de Müller y el adelgazamiento foveal se asociaron al de espesor completo. De hecho, el 88% de los agujeros de espesor completo había perdido el cono antes de operar, frente al 10% de los ojos que no desarrollaron agujero. Eso sí, con solo 24 agujeros de espesor completo, hay que tomarlo con cautela.
La pérdida del cono de Müller fue también el factor que más pesó en una peor agudeza visual final, junto con el adelgazamiento de la capa nuclear externa, una peor visión antes de operar y un desprendimiento más extenso y de mayor duración. El desprendimiento de la capa bacilar, en cambio, no fue significativo para la visión.
Curiosamente, la técnica quirúrgica, el taponador y el posicionamiento postoperatorio no se relacionaron con la aparición del agujero.
Una hipótesis sobre el mecanismo
Con estos datos, los autores proponen una secuencia: un desprendimiento extenso tensiona la fóvea, se produce el desprendimiento de la capa bacilar y, si además se pierde el cono de células de Müller, se forma un agujero lamelar que puede progresar a espesor completo. Es una hipótesis atractiva, pero todavía no demostrada.
Fortalezas y limitaciones
Entre las fortalezas destacan el tamaño de la serie, la lectura enmascarada de la OCT y un análisis que integra variables clínicas y de imagen. Como limitaciones, es un estudio retrospectivo de un solo centro, con cuatro equipos de OCT distintos, y la pérdida del cono se valoró como presente o ausente, sin graduarla.
Mensaje práctico: la OCT preoperatoria no solo confirma el estado de la fóvea, también ayuda a estimar el pronóstico. Si falta el cono de células de Müller, estamos ante un ojo con más riesgo de desarrollar un agujero macular y de acabar con peor visión, por lo que conviene informar al paciente de un pronóstico más reservado y vigilar la mácula de cerca en el postoperatorio.
Macroaneurismas arteriales retinianos: observar o tratar
El segundo trabajo, del Bascom Palmer Eye Institute de Miami, se publicó en Ophthalmology Retina y analiza las características clínicas, el manejo y los resultados de los macroaneurismas arteriales retinianos.
El problema clínico
Los macroaneurismas arteriales retinianos son dilataciones de las arteriolas retinianas típicas de pacientes mayores e hipertensos. Son poco frecuentes, pero pueden sangrar a cualquier nivel, de la hemorragia subretiniana a la vítrea, y producir exudación macular. Con frecuencia se resuelven solos, así que la pregunta es cuándo basta con observar y cuándo conviene tratar, sobre todo en la era de los antiangiogénicos.
Al ser tan poco frecuentes, la literatura se basa sobre todo en casos aislados y series pequeñas, con mucha heterogeneidad en los pacientes y en el manejo.
Diseño y pacientes
Este trabajo aporta una cohorte retrospectiva mucho más amplia: 161 ojos de 156 pacientes, diagnosticados entre 2013 y 2025. Se compararon dos estrategias: la observación inicial, en el 68% de los ojos, y el tratamiento precoz, en las dos primeras semanas, en el 32% restante.
Los grupos, sin embargo, no eran comparables. Los tratados partían de una visión mucho peor, con más hemorragia macular y más afectación de la fóvea; es decir, se trataron los casos más graves.
El perfil fue el esperado: edad media de 74 años, un 67% de mujeres y un 81% de hipertensos. De los ojos tratados, el 59% recibió antiangiogénicos solos, el 22% láser focal y el 16% ambos. Dos ojos (un 4%) se operaron con vitrectomía e inyección subretiniana de activador tisular del plasminógeno por hemorragia submacular masiva.
Resultados
Prácticamente todos los macroaneurismas acabaron resolviéndose, con o sin tratamiento. El tratamiento acortó el tiempo hasta la resolución: aproximadamente un año en los tratados frente a año y medio en los observados.
Sin embargo, la visión final no fue significativamente distinta entre los grupos. Eso sí, partiendo de peor visión, el 49% de los tratados ganó dos o más líneas, frente al 16% de los observados.
Entre los observados, solo un 6% tuvo una nueva hemorragia que obligó a tratar, de media unos ocho meses después del diagnóstico. Entre las complicaciones tardías, la más frecuente fue la membrana epirretiniana, en el 32% de los ojos, seguida de la cicatriz subretiniana, en el 10%.
Fortalezas y limitaciones
Es la serie de un solo centro más amplia publicada sobre macroaneurismas, con unos tres años de seguimiento medio. Como limitaciones, es retrospectiva y tiene un claro sesgo de indicación, porque se trataron los ojos más graves, así que las comparaciones entre grupos son solo orientativas.
Mensaje práctico: la mayoría de los macroaneurismas se resuelven espontáneamente y la observación es razonable cuando la visión central no está amenazada. El tratamiento, sobre todo con antiangiogénicos, acelera la resolución en los casos más graves, pero no se ha demostrado que mejore la visión final. Y no hay que olvidar el contexto sistémico: con un 81% de hipertensos, ante un macroaneurisma hay que asegurarse de que la tensión arterial está controlada.
Medición de la presión arterial en la consulta de oftalmología en pacientes con diabetes
El tercer artículo, publicado en JAMA Ophthalmology por un grupo de la Universidad de Virginia (Estados Unidos), nos invita a mirar más allá de la retina.
Por qué importa
La hipertensión es uno de los principales factores modificables de progresión de la retinopatía diabética. Sin embargo, no solemos medirla en la consulta de oftalmología y damos por hecho que el paciente la tiene controlada.
Diseño del estudio
Para comprobarlo, los autores realizaron una serie de casos prospectiva en la consulta de retina de un hospital universitario durante julio y agosto de 2024. A 172 adultos con diabetes tipo 1 o 2 se les tomó la tensión y respondieron una encuesta sobre su hipertensión: si estaba diagnosticada, cómo la controlaban y cómo percibían ese control.
Las cifras se clasificaron con los criterios estadounidenses de 2017, que consideran normal una tensión por debajo de 120/80 mmHg, estadio 1 a partir de 130/80 y estadio 2 a partir de 140/90.
Eran pacientes con enfermedad retiniana establecida: el 72% tenía retinopatía diabética, el 55% edema macular y el 67% recibía inyecciones intravítreas.
Resultados
Los resultados son llamativos. Del total de pacientes, solo el 8% tenía una tensión normal. El 53% estaba en estadio 2, es decir, por encima de 140/90, y el 11% cumplía criterios de crisis hipertensiva, con más de 180 de sistólica o más de 120 de diastólica.
El 84% ya tenía hipertensión diagnosticada y casi todos recibían tratamiento. Pero aquí está el dato más revelador: el 69% creía tener un control bueno o excelente y, en realidad, el 80% seguía con cifras de hipertensión.
El 16% restante, 28 pacientes, no tenía diagnóstico previo de hipertensión. Aun así, 24 de ellos tenían la tensión por encima de lo normal, 10 estaban en estadio 2 y 3 estaban en crisis hipertensiva.
Tras la medición, al 60% de los pacientes se les recomendó contactar con su médico de atención primaria y casi el 12% necesitó una revisión preferente.
Fortalezas y limitaciones
La fortaleza del estudio es su diseño prospectivo, que combina una medición objetiva con la percepción del paciente sobre su propio control. Como limitaciones, es una serie pequeña, de un solo centro. Una única medición puede sobreestimar la tensión por el efecto de bata blanca, sobre todo si el paciente espera una inyección. Y, al tratarse de pacientes con enfermedad retiniana establecida, las cifras pueden no ser extrapolables a otras consultas.
Mensaje práctico: aunque no siempre sea posible tomar la tensión a los pacientes diabéticos en nuestra consulta, no debemos dar por hecho que está controlada. Preguntemos por cifras concretas y revisemos en la historia clínica los últimos valores registrados. Si la tensión no está controlada o la retinopatía progresa, debemos derivar al paciente a su médico de atención primaria.
Conclusión: tres ideas para la consulta
- Antes de operar un desprendimiento de retina con la mácula desprendida, merece la pena fijarse en el cono de Müller en la OCT: su pérdida fue el principal predictor de agujero macular secundario y de peor visión final.
- La mayoría de los macroaneurismas retinianos se resuelven solos. El tratamiento acelera la resolución en los casos graves, pero no se ha demostrado que mejore la visión final.
- En el estudio de la Universidad de Virginia, solo el 8% de los pacientes diabéticos tenía la tensión normal y la mayoría de los hipertensos creía tenerla controlada. No demos ese control por hecho: preguntemos, revisemos la historia clínica y, si hace falta, derivemos a atención primaria.
Preguntas frecuentes
¿Qué hallazgo de la OCT preoperatoria predice mejor el agujero macular secundario tras cirugía de desprendimiento de retina con mácula desprendida?
La pérdida del cono de células de Müller, que multiplicó por más de cuatro el riesgo en el análisis multivariante. El desprendimiento de la capa bacilar lo multiplicó por dos y medio, y un desprendimiento más extenso y una fóvea más fina también aumentaban el riesgo.
¿Influyen la técnica quirúrgica o el taponador en la aparición del agujero macular secundario?
En este estudio, la técnica quirúrgica, el taponador y el posicionamiento postoperatorio no se relacionaron con la aparición del agujero. Los factores asociados fueron sobre todo hallazgos de la OCT preoperatoria y la extensión del desprendimiento.
¿Cuándo conviene tratar un macroaneurisma arterial retiniano?
La observación es razonable cuando la visión central no está amenazada, ya que prácticamente todos acabaron resolviéndose con o sin tratamiento. El tratamiento, sobre todo con antiangiogénicos, acortó el tiempo hasta la resolución (aproximadamente un año frente a año y medio) en los casos más graves, pero no se demostró que mejore la visión final.
¿Están bien controlados de tensión arterial los pacientes diabéticos que acuden a la consulta de retina?
En el estudio de la Universidad de Virginia, solo el 8% de los 172 pacientes tenía una tensión normal y el 53% estaba en estadio 2. Además, el 69% de los hipertensos diagnosticados creía tener un control bueno o excelente, pero el 80% seguía con cifras de hipertensión.
Si quieres profundizar en estos tres estudios y escuchar todos los matices de la discusión, te invitamos a escuchar el episodio completo en el reproductor de esta misma página.


