El uso de gases intraoculares es una herramienta fundamental en la cirugía vitreorretiniana moderna. Sin embargo, en los últimos años ha surgido un debate creciente sobre el impacto ambiental de los gases fluorados utilizados en estos procedimientos, especialmente en relación con su contribución al calentamiento global.
Este tema fue abordado en el artículo “The Environmental Impact of Fluorinated Gas in Retina Surgery”, publicado en Retinal Physician (noviembre–diciembre de 2025), y analizado en un episodio reciente del podcast de la Sociedad Española de Retina y Vítreo (SERV).
Historia del uso de gases en cirugía de retina
El uso de gas en la retina no es reciente. Ya en 1911 se utilizaba aire intravítreo para el tratamiento del desprendimiento de retina. Sin embargo, fue durante las décadas de 1970 y 1980, con el desarrollo de técnicas como la vitrectomía pars plana y la retinopexia neumática, cuando los gases fluorados comenzaron a utilizarse de forma habitual.
Entre los más empleados se encuentran:
SF6 (hexafluoruro de azufre)
C3F8 (perfluoropropano)
Estos gases se utilizan por sus propiedades físicas favorables: expansión predecible, estabilidad química y absorción gradual en el organismo antes de ser eliminados por la respiración.
El problema ambiental: alto potencial de calentamiento global
Aunque estos gases no dañan la capa de ozono, sí poseen un alto potencial de calentamiento global (GWP100), que mide el efecto invernadero de un gas durante 100 años en comparación con el CO₂.
En particular, el SF6 es uno de los gases con mayor potencial de calentamiento global conocido, por lo que incluso pequeñas emisiones pueden tener un impacto relevante en el clima.
Según datos de la EPA de Estados Unidos, los gases fluorados representaron aproximadamente el 3,1 % de las emisiones totales de gases de efecto invernadero en 2022. Dentro de ese grupo, el uso médico representa una proporción relativamente pequeña, pero significativa desde la perspectiva de la sostenibilidad sanitaria.
¿Cuánto gas se utiliza en cirugía vitreorretiniana?
No existen registros exactos del consumo total en cirugía de retina. Sin embargo, estimaciones basadas en datos del California Air Resources Board sugieren que en 2024 se utilizaron alrededor de 6.252 kg de SF6 en procedimientos de retina en Estados Unidos, lo que equivaldría a más de 150.000 toneladas de CO₂ equivalente.
A nivel individual, el impacto es reducido. Una vitrectomía que utilice 25 ml de SF6 genera aproximadamente 3,9 kg de CO₂ equivalente, comparable a conducir unos 16 kilómetros en automóvil.
El verdadero problema: el desperdicio de gas
El impacto ambiental no proviene tanto de cada cirugía individual, sino del desperdicio de gas durante su uso clínico.
Un estudio realizado en el Reino Unido mostró que la cantidad de gas disponible habría sido suficiente para 49.108 cirugías, pero solo se realizaron 1.206, lo que representa una eficiencia aproximada del 2,5 %.
Entre las causas del desperdicio se encuentran:
Diferencias en la cantidad de gas utilizada por cada cirujano
Pérdidas durante procesos de purga o fugas en válvulas
Envases grandes que no se utilizan completamente
Expiración del gas antes de su uso
Estrategias para reducir el impacto ambiental
Los autores del estudio proponen varias medidas para mejorar la sostenibilidad de la cirugía vitreorretiniana:
Utilizar técnicas que requieran menos o ningún gas, como el buckle escleral primario en ciertos casos
Emplear aire en lugar de gas cuando la evidencia clínica lo permita
Usar mezclas de gases con menor impacto ambiental
Implementar envases más pequeños o sistemas monodosis
Desarrollar programas de captura o reciclaje de gas
Según el artículo, muchas de estas estrategias podrían reducir significativamente el impacto ambiental sin comprometer los resultados clínicos.
Regulaciones futuras
La Unión Europea adoptó en 2024 nuevas regulaciones para eliminar progresivamente los gases fluorados antes de 2050, lo que podría afectar su disponibilidad y coste en medicina en los próximos años.
Conclusión
Aunque el uso médico de gases fluorados representa una fracción pequeña de las emisiones globales, su alto potencial de calentamiento global y el desperdicio observado en la práctica clínica convierten a este tema en un punto clave dentro de las estrategias de sostenibilidad en oftalmología.
Reducir el desperdicio, explorar alternativas cuando sea clínicamente viable y colaborar con la industria para mejorar los sistemas de uso del gas podrían contribuir a una cirugía de retina más sostenible en el futuro.


