SERV – Sociedad Española de Retina y Vítreo

Drenaje en cerclaje, neurodegeneración en DM y OVR/OAR en cáncer

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En este episodio de Trends in Retina, el podcast de la Fundación Retina Plus, se analizan tres estudios recientes que abordan escenarios muy diferentes de la patología retiniana: el papel del drenaje externo durante la cirugía de cerclaje escleral, los cambios neuroretinianos detectados mediante OCT en jóvenes con diabetes tipo 1 y el riesgo de oclusiones vasculares retinianas en pacientes con cáncer.

¿Drenar o no drenar durante el cerclaje escleral?

El primer estudio, publicado en Retina, analiza una cuestión clásica en el tratamiento quirúrgico del desprendimiento de retina regmatógeno: si realizar o no un drenaje externo del líquido subretiniano durante la cirugía de cerclaje escleral.

El trabajo revisó retrospectivamente 609 cerclajes esclerales primarios realizados entre 2008 y 2023 en el Manchester Royal Eye Hospital. En 181 ojos se realizó drenaje externo, mientras que en los 428 restantes no se llevó a cabo. Los principales resultados evaluados fueron el éxito anatómico después de una sola intervención y la mejor agudeza visual corregida al final del seguimiento.

Resultados similares con y sin drenaje

La tasa de éxito anatómico después de una única cirugía fue del 86,7% con drenaje y del 83,6% sin drenaje, sin una diferencia estadísticamente significativa. Tampoco se observaron diferencias significativas en la agudeza visual final.

Los resultados fueron similares al analizar por separado los pacientes con mácula aplicada y desprendida. En los primeros, el éxito anatómico alcanzó el 90,5% con drenaje frente al 85,1% sin él; en los segundos, fue del 82,5% frente al 81,3%, respectivamente.

¿Qué riesgos presenta el drenaje externo?

Aunque el drenaje no se asoció con mejores resultados anatómicos o visuales, sí presentó algunas complicaciones.

Se produjo hemorragia subretiniana en 34 ojos, lo que representa un 18,8% de los casos en los que se realizó drenaje. En el 94% de estas hemorragias, el sangrado permaneció limitado al área del procedimiento y no afectó a la agudeza visual final. Sin embargo, en dos ojos se extendió hacia la mácula y ambos presentaron un peor resultado visual.

También se registró hipotonía que requirió aire o gas intravítreo en 14 pacientes, un 7,7%, y dos desgarros iatrogénicos. No se produjo ningún caso de endoftalmitis, incarceración retiniana o pérdida de vítreo.

El mensaje práctico del estudio es que el drenaje externo no se asoció con una mejora significativa del éxito anatómico ni de la agudeza visual final. Por tanto, la decisión debería continuar siendo individualizada, teniendo en cuenta las características de cada desprendimiento y la valoración del cirujano.

Neurodegeneración retiniana en jóvenes con diabetes tipo 1

El segundo estudio, publicado en JAMA Ophthalmology, analiza el adelgazamiento de las capas neuroretinianas mediante OCT y su relación con la hemoglobina glicosilada en pacientes jóvenes con diabetes tipo 1.

El punto de partida es especialmente interesante: la neurodegeneración retiniana diabética podría preceder a las alteraciones vasculares clínicamente visibles.

El estudio incluyó 294 jóvenes de entre 9 y 21 años, con un total de 578 ojos evaluables mediante OCT. La edad media fue de 15,8 años, la duración mediana de la diabetes fue de siete años y la hemoglobina glicosilada mediana fue del 8,5%.

Cambios en la retina antes de una retinopatía evidente

La mayoría de los participantes todavía no presentaba enfermedad retiniana diabética clínicamente aparente: el 77,8% no tenía ninguna lesión visible, el 18,8% presentaba retinopatía leve y solo el 3,4% tenía una afectación moderada.

Sin embargo, la OCT permitió identificar una asociación entre el control glicémico y el grosor de determinadas capas retinianas.

Por cada punto porcentual de incremento de la hemoglobina glicosilada, el complejo de células ganglionares y plexiforme interna se adelgazó 0,39 micras, mientras que las capas retinianas externas se redujeron 0,81 micras. Ambas asociaciones fueron estadísticamente significativas.

Por el contrario, el grosor retiniano no mostró asociación con la gravedad de la retinopatía ni con la duración de la diabetes. Además, un mayor tiempo dentro del rango objetivo en la monitorización continua de glucosa se relacionó significativamente con un mayor grosor de las capas externas.

La OCT como posible herramienta para detectar cambios tempranos

Estos resultados sugieren que determinados cambios neuroretinianos pueden aparecer antes de que existan signos clínicamente visibles de retinopatía diabética.

El estudio es el mayor realizado hasta el momento en población pediátrica con diabetes tipo 1 utilizando OCT, aunque los propios autores consideran sus resultados exploratorios y generadores de hipótesis.

Por ahora, todavía son necesarios datos longitudinales y valores de referencia estandarizados antes de considerar estas mediciones mediante OCT como un biomarcador clínico establecido.

Cáncer y riesgo de oclusiones vasculares retinianas

El tercer estudio, publicado en Ophthalmology Retina, cambia la perspectiva habitual sobre la relación entre cáncer y oclusiones vasculares retinianas.

En lugar de estudiar una oclusión vascular retiniana como posible señal de una neoplasia no diagnosticada, los investigadores analizaron si tener un diagnóstico de cáncer se asocia posteriormente con un mayor riesgo de oclusión venosa o arterial de la retina.

El estudio retrospectivo utilizó datos del sistema de salud pública de Corea del Sur e incluyó 462.185 personas diagnosticadas recientemente de cáncer entre 2011 y 2022. La edad media fue de 58,7 años y el seguimiento medio alcanzó los 7,3 años.

Durante ese periodo se identificaron 6.657 casos de oclusión venosa retiniana y 873 de oclusión arterial retiniana.

En comparación con la población general, el riesgo relativo fue de 1,15 para la oclusión venosa y de 1,27 para la arterial. La incidencia acumulada a cinco años fue del 0,91% y del 0,13%, respectivamente.

El riesgo no es igual para todos los tipos de cáncer

Las neoplasias hematológicas presentaron una de las asociaciones más destacadas: el riesgo relativo fue de 1,52 para la oclusión venosa y de 2,50 para la arterial.

Los autores plantean como posibles mecanismos la hiperviscosidad asociada a leucocitosis o paraproteinemia, la activación de la coagulación por las células malignas y, en las oclusiones arteriales, la leucostasis.

Además, en pacientes con neoplasias hematológicas, la aparición de una oclusión retiniana se asoció significativamente con un mayor riesgo de eventos cardiovasculares mayores y mortalidad.

Otro subgrupo destacado fueron los tumores oculares y de los anexos, que presentaron un riesgo relativo de 3,03 para la oclusión venosa. No obstante, este resultado se basó únicamente en 12 casos entre 290 pacientes, por lo que debe interpretarse con cautela.

Aunque el riesgo absoluto a cinco años fue bajo, los resultados indican una mayor incidencia de oclusiones vasculares retinianas entre los supervivientes de cáncer, especialmente en aquellos con neoplasias hematológicas.

Tres estudios, tres mensajes para la práctica clínica

Los tres trabajos analizados aportan perspectivas diferentes pero relevantes para la práctica oftalmológica.

En cirugía de cerclaje escleral, el drenaje externo del líquido subretiniano no se asoció con mejores resultados anatómicos o visuales, por lo que la decisión continúa siendo individualizada.

En jóvenes con diabetes tipo 1, la OCT permitió detectar asociaciones entre un peor control glicémico y el adelgazamiento de determinadas capas retinianas incluso antes de que apareciera una retinopatía clínicamente evidente.

Por último, los supervivientes de cáncer presentaron un mayor riesgo de oclusiones vasculares retinianas, con una asociación especialmente relevante en las neoplasias hematológicas.