En este episodio de Trends in Retina, el podcast de la Fundación Retina Plus, se revisan tres publicaciones recientes centradas en un objetivo común: identificar precozmente a los pacientes con mayor riesgo de desarrollar complicaciones oculares y optimizar su seguimiento clínico. Los trabajos analizan el riesgo de afectación del ojo contralateral tras una oclusión arterial retiniana, los factores asociados al desprendimiento de retina después de una endoftalmitis endógena y el valor pronóstico de la angiografía fluoresceínica de campo ultraamplio en la retinopatía diabética.
Oclusión arterial retiniana: el ojo contralateral también debe vigilarse
El primer estudio, publicado en Ophthalmology Retina, evaluó el riesgo de desarrollar una oclusión arterial en el ojo contralateral tras una primera oclusión unilateral. Para ello, los autores analizaron una base de datos con más de 19.000 pacientes diagnosticados entre 2015 y 2025.
Durante cinco años de seguimiento, aproximadamente uno de cada 25 pacientes con oclusión de la arteria central de la retina y uno de cada 31 con oclusión de rama arterial desarrolló posteriormente una nueva oclusión en el ojo contralateral.
Uno de los hallazgos más relevantes fue que la mayoría de los pacientes presentaron el mismo subtipo de oclusión en ambos ojos, lo que sugiere mecanismos fisiopatológicos diferentes entre la oclusión de la arteria central y la de rama.
Además, el estudio demuestra que el riesgo es mayor durante los primeros meses tras el episodio inicial. En la oclusión de la arteria central predominan factores vasculares sistémicos como hipertensión arterial, diabetes, enfermedad carotídea, ictus previo o apnea obstructiva del sueño, mientras que en la oclusión de rama adquieren mayor importancia factores oculares e inflamatorios, como la hipertensión ocular o la vasculitis retiniana.
El principal mensaje práctico es claro: tras una oclusión arterial retiniana no basta con tratar el episodio inicial, sino que resulta fundamental mantener un seguimiento estrecho del ojo contralateral, especialmente durante los primeros meses.
Desprendimiento de retina tras una endoftalmitis endógena
El segundo artículo, publicado en la revista Retina, analiza una de las mayores series multicéntricas sobre desprendimiento de retina secundario a endoftalmitis endógena.
Los autores incluyeron 201 ojos de 171 pacientes y observaron que el 22,4 % desarrolló un desprendimiento de retina, generalmente durante las primeras semanas tras controlar la infección.
El estudio identificó dos factores de riesgo especialmente importantes: la bacteriemia por Staphylococcus aureus, especialmente cepas resistentes a meticilina, y una agudeza visual inicial igual o inferior a percepción de luz. Ambos incrementaban significativamente la probabilidad de desarrollar un desprendimiento de retina.
En cambio, ni el tratamiento antimicrobiano utilizado, ni el empleo de corticoides intravítreos, ni el número de inyecciones modificaron el riesgo, lo que sugiere que este depende principalmente de las características del paciente y del microorganismo responsable.
Los autores destacan que la fase de seguimiento tras controlar la infección resulta tan importante como el tratamiento inicial, ya que muchas complicaciones aparecen semanas después del episodio agudo.
La fuga vascular como biomarcador en retinopatía diabética
El tercer estudio corresponde a un análisis del Protocolo AA de la Red de Investigación Clínica de Retinopatía Diabética, publicado en JAMA Ophthalmology. El trabajo evalúa el valor pronóstico de la angiografía fluoresceínica de campo ultraamplio mediante un algoritmo capaz de cuantificar objetivamente la fuga vascular.
Los investigadores siguieron durante cuatro años a 537 ojos con retinopatía diabética no proliferativa y comprobaron que cuanto mayor era el índice de fuga al inicio, mayor era el riesgo de progresión de la enfermedad.
Además, un incremento del índice de fuga durante el primer año se relacionó con un mayor riesgo de desarrollar retinopatía diabética proliferativa, hemorragia vítrea, edema macular con afectación central e incluso pérdida significativa de agudeza visual.
Otro aspecto relevante fue la localización de la fuga: cuando predominaba en la región macular aumentaba el riesgo de edema macular diabético, mientras que la fuga periférica se asociaba con mayor probabilidad de progresión hacia formas proliferativas.
Los autores concluyen que la cuantificación automatizada de la fuga vascular podría convertirse en un nuevo biomarcador complementario para identificar qué pacientes presentan un mayor riesgo de progresión y adaptar el seguimiento de forma más personalizada.
La importancia de anticiparse al riesgo
Aunque los tres trabajos analizan enfermedades muy diferentes, todos comparten un mismo objetivo: mejorar la capacidad de identificar precozmente a los pacientes con mayor riesgo de complicaciones.
El seguimiento estrecho tras una oclusión arterial retiniana, la vigilancia de los pacientes con endoftalmitis endógena una vez controlada la infección y la incorporación de nuevos biomarcadores en retinopatía diabética representan ejemplos de cómo la evidencia científica continúa avanzando hacia una oftalmología más predictiva y personalizada.


