En el último episodio del podcast de la Sociedad Española de Retina y Vítreo (SERV), Elía y Sara analizan en profundidad el artículo de revisión de los doctores Elon van Dijk y Camiel Boon publicado en Progress in Retinal and Eye Research. Esta obra se ha convertido en una referencia fundamental para evitar el diagnóstico “por defecto” de la coriorretinopatía serosa central.
El fluido como síntoma, no como enfermedad
La idea central que proponen Van Dijk y Boon es que el fluido subretiniano es solo un síntoma. El artículo identifica doce grupos patogénicos distintos que pueden presentarse con este fluido e imitar a la serosa central. No realizar un diagnóstico diferencial riguroso puede llevar a pasar por alto patologías que comprometen la visión o la vida del paciente.
Los grupos patogénicos clave
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Enfermedades neovasculares: Es el grupo más crítico. Incluye la DMAE neovascular y las dilataciones aneurismáticas tipo 1 (vasculopatía coroidea polipoidea). En pacientes mayores de 50 años, la sospecha de neovasos debe ser la primera opción, siendo fundamental la angiografía con verde de indocianina.
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Lesiones viteliformes: Enfermedades como la de Best o la distrofia viteliforme del adulto. Lo que se ve en la tomografía no es fluido, sino material de desecho de fotorreceptores. La clave es la autofluorescencia, donde estas lesiones brillan de forma característica.
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Enfermedades inflamatorias: Incluye Vogt-Koyanagi-Harada o escleritis posterior. Un síntoma diferenciador es el dolor ocular (presente en escleritis). La ecografía puede revelar el “signo de la T”.
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Tumores (El gran imitador): El hemangioma coroideo circunscrito se presenta como una masa anaranjada sutil. También se debe alertar ante metástasis (pulmón o mama) y melanoma de coroides.
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Enfermedades de la sangre: La leucemia y el linfoma pueden infiltrar la coroides. El fluido en la mácula puede ser la primera manifestación de un cáncer sistémico.
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Anomalías del desarrollo: Como la foseta del disco óptico. El líquido puede ser cefalorraquídeo filtrado desde el nervio óptico. El tratamiento es quirúrgico, no médico.
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Medicamentos y toxicidad: El grupo nueve destaca los inhibidores de la quinasa MEK, los nitritos inhalados (“poppers”) e incluso los tintes para el pelo con aminas aromáticas que dañan la barrera hematorretiniana.
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Embarazo e hipertensión: Emergencias hipertensivas, preeclampsia y eclampsia causan desprendimientos serosos bilaterales por isquemia coroidea.
Nuevas categorías y diagnóstico de exclusión
Para los casos que no encajan en las categorías clásicas, los autores proponen dos términos:
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Maculopatía serosa con ausencia del epitelio pigmentario de la retina.
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Maculopatía asociada a la heterogeneidad de la coroides.
Conclusión
La coriorretinopatía serosa central debe ser casi un diagnóstico de exclusión. Antes de etiquetar a un paciente, deben descartarse metódicamente las otras once familias de patologías mediante imagen multimodal (tomografía, autofluorescencia y angiografías) y una anamnesis exhaustiva.


