Faricimab en DMAE exudativa: experiencia real a 2 años en la optimización de intervalos de tratamiento
La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) exudativa representa uno de los principales desafíos en la práctica clínica diaria de las unidades de retina. El creciente volumen de pacientes y la necesidad de tratamientos intravítreos frecuentes generan una elevada carga asistencial.
En este contexto, la búsqueda de terapias más duraderas y eficaces se ha convertido en una prioridad para los especialistas.
Contexto clínico: la necesidad de optimizar la carga asistencial
Uno de los principales problemas en las consultas de retina médica es el elevado número de pacientes en seguimiento con terapia intravítrea. Tanto en Europa como en Estados Unidos, los especialistas coinciden en dos necesidades clave:
- Fármacos con mayor potencia
- Mayor duración del efecto terapéutico
El objetivo final es claro: reducir la frecuencia de inyecciones sin comprometer los resultados visuales.
Faricimab: una nueva opción terapéutica
La introducción de faricimab supuso la llegada de un fármaco con un perfil innovador, capaz de actuar sobre diferentes tipos de membrana neovascular (tipo 1, 2 y 3).
Inicialmente, se planteó su uso como tratamiento de primera línea. Sin embargo, en la práctica clínica real, el principal reto no son los pacientes nuevos, sino aquellos ya en tratamiento crónico con otros antiangiogénicos.
Diseño del estudio: enfoque en pacientes previamente tratados
El estudio se diseñó como un análisis prospectivo intervencionista en práctica clínica real.
Se incluyeron pacientes con:
- DMAE exudativa
- Retina seca bajo tratamiento previo
- Intervalos de inyección inferiores a 12 semanas
El objetivo principal fue evaluar si el cambio a faricimab permitía aumentar los intervalos entre inyecciones sin pérdida de agudeza visual.
Una característica clave del protocolo fue que:
- No se realizó dosis de carga tras el cambio
- Se mantuvo inicialmente el mismo intervalo de tratamiento
- Posteriormente, se extendía progresivamente (de 4 en 4 semanas) si la retina permanecía seca
Características de la muestra
Se analizaron 110 ojos con un seguimiento mínimo de 2 años.
Principales datos:
- Edad media: 78 años
- Intervalo inicial: 6,18 semanas (rango 4–10 semanas)
- Número previo de inyecciones: entre 12 y 67
- Predominio de membranas tipo 1
Resultados: aumento significativo del intervalo de tratamiento
Tras el cambio a faricimab y el seguimiento a 104 semanas:
- El intervalo medio pasó de 6,1 a 13,6 semanas
- Se alcanzaron intervalos de hasta 24 semanas en algunos pacientes
- La mejora fue estadísticamente significativa (p < 0,001)
Este cambio permitió desplazar a los pacientes desde intervalos cortos (4–10 semanas) hacia esquemas más amplios (10–16 semanas o más).
Agudeza visual: estabilidad clínica
Uno de los puntos clave del estudio fue demostrar que este aumento en los intervalos no comprometía la función visual:
- Agudeza visual inicial: 0,41
- Agudeza visual final: 0,43
No se observaron cambios clínicamente ni estadísticamente significativos, lo que indica mantenimiento de resultados visuales.
Variabilidad en la respuesta
No todos los pacientes respondieron de la misma manera:
- Algunos mantuvieron su intervalo
- Otros lo redujeron
- La mayoría logró ampliarlo
Se definió como respuesta óptima un aumento de más de 8 semanas en el intervalo.
Factores predictivos de mejor respuesta
El análisis de biomarcadores mostró que:
- Ni el tipo de membrana
- Ni el fármaco previo
- Ni el sexo o el ojo tratado
fueron factores determinantes.
Sin embargo, sí se observó mejor respuesta en pacientes con:
- Menor edad
- Menor número de inyecciones previas
Conclusiones
El uso de faricimab en pacientes con DMAE exudativa previamente tratados permite:
- Aumentar significativamente los intervalos de tratamiento
- Mantener la agudeza visual a largo plazo
- Reducir la carga asistencial en la práctica clínica real
Además, la probabilidad de éxito es mayor en pacientes más jóvenes y con menor exposición previa a tratamientos intravítreos.


