En este nuevo episodio de Trends in Retina, el podcast de la Fundación Retina Plus con la supervisión científica de la Sociedad Española de Retina y Vítreo (SERV), se revisan tres publicaciones recientes que abordan algunos de los principales retos de la retina médica y quirúrgica. Los trabajos analizan los resultados de la vitrectomía en los desprendimientos de retina por desgarro gigante, la seguridad del tratamiento antiangiogénico tras un ictus o un infarto de miocardio y el riesgo de desprendimiento de retina en el ojo contralateral con degeneración en empalizada.
Vitrectomía en el desprendimiento de retina por desgarro gigante: ¿gas o aceite de silicona?
El primer artículo, publicado en Ophthalmology Retina, analiza los resultados anatómicos y funcionales de la vitrectomía en pacientes con desprendimiento de retina asociado a desgarro gigante, una de las situaciones más complejas dentro de la cirugía vitreorretiniana.
Aunque la vitrectomía ha mejorado notablemente el pronóstico de estos pacientes, sigue existiendo debate sobre cuál es el mejor tamponador intraocular: gas o aceite de silicona.
Para responder a esta cuestión, investigadores del Manchester Royal Eye Hospital revisaron 110 ojos tratados mediante vitrectomía sin banda de cerclaje entre 2012 y 2024. Mediante un análisis de emparejamiento por puntuación de propensión compararon ambos grupos intentando minimizar el sesgo derivado de que los casos más complejos suelen tratarse con aceite de silicona.
La serie presentó una edad media cercana a los 50 años; aproximadamente tres de cada cuatro pacientes eran varones, un tercio presentaba miopía y en algo más del 40 % de los casos la mácula ya estaba desprendida en el momento de la cirugía. Cerca del 70 % de las intervenciones utilizaron gas como tamponador, principalmente C2F6.
Los resultados mostraron una tasa de éxito anatómico del 88,2 % tras una única cirugía y del 96 % tras considerar las reintervenciones. Tanto el gas como el aceite de silicona obtuvieron porcentajes similares de reaplicación retiniana. Sin embargo, tras el ajuste estadístico, los pacientes tratados con gas presentaron una mejor agudeza visual final, especialmente cuando la mácula permanecía aplicada antes de la intervención.
El estudio identificó la proliferación vitreorretiniana grado C como el principal factor pronóstico de fracaso anatómico, mientras que el tipo de tamponador dejó de ser un factor independiente una vez ajustadas las demás variables. Los autores proponen individualizar la elección del tamponador: utilizar gas en desprendimientos menos complejos y reservar el aceite para casos con proliferación vitreorretiniana avanzada o desprendimientos más extensos. Asimismo, defienden que un adecuado rasurado de la base vítrea junto con un endoláser circunferencial puede hacer innecesario el uso rutinario de la banda de cerclaje.
Tratamiento antiangiogénico tras un ictus o un infarto: ¿debe suspenderse?
El segundo artículo, publicado en JAMA Ophthalmology, aborda una cuestión frecuente en la práctica clínica: qué hacer con el tratamiento intravítreo antiangiogénico cuando un paciente presenta un ictus o un infarto agudo de miocardio.
Aunque la exposición sistémica de estos fármacos es muy baja, existe preocupación por un posible incremento del riesgo tromboembólico, motivo por el que muchos especialistas optan por retrasar el tratamiento pese a la escasa evidencia disponible.
Los autores utilizaron una amplia base de datos multicéntrica con registros entre 2005 y 2025 para comparar pacientes que continuaron recibiendo inyecciones intravítreas tras un evento cardiovascular frente a aquellos que interrumpieron el tratamiento. Tras el emparejamiento estadístico, el análisis incluyó 1.526 parejas de pacientes con ictus y 1.523 parejas con infarto de miocardio.
Los resultados mostraron que continuar el tratamiento antiangiogénico durante el periodo peri-evento no se asoció a un aumento de la mortalidad. De hecho, la mortalidad fue inferior tanto a los tres meses como al año respecto a los pacientes que suspendieron las inyecciones, tanto en el grupo con ictus como en el de infarto de miocardio.
Asimismo, el estudio comparó aflibercept, ranibizumab y bevacizumab sin encontrar diferencias significativas entre ellos.
Los autores recuerdan que estos resultados no demuestran un efecto protector de los antiangiogénicos, sino que indican que mantener el tratamiento no parece asociarse a un peor pronóstico sistémico. No obstante, al tratarse de un estudio observacional y retrospectivo, recomiendan valorar cada caso de forma individual junto con los servicios de Neurología o Cardiología antes de modificar el tratamiento ocular.
Degeneración en empalizada y riesgo de desprendimiento en el ojo contralateral
El tercer trabajo, publicado en la revista Retina, analiza el riesgo de desarrollar desgarros retinianos o un nuevo desprendimiento de retina en el ojo contralateral de pacientes con degeneración en empalizada tras haber sufrido previamente un desprendimiento regmatógeno primario en el otro ojo.
La degeneración en empalizada constituye un conocido factor de riesgo para la aparición de desgarros retinianos, aunque sigue existiendo controversia acerca de cuándo está justificado aplicar tratamiento profiláctico mediante láser.
Los investigadores analizaron una base de datos multicéntrica de casi 25.000 pacientes para determinar el riesgo real de desarrollar un nuevo desprendimiento de retina y evaluar el posible beneficio del láser profiláctico.
Los resultados mostraron que el antecedente de desprendimiento de retina en un ojo multiplica por más de cuatro el riesgo de presentar un desprendimiento en el ojo contralateral con degeneración en empalizada. Este riesgo aumenta especialmente en pacientes miopes, aunque curiosamente dicha asociación desaparece en la miopía magna, probablemente porque estos ojos ya presentan un riesgo elevado por sí mismos.
También se observó una mayor incidencia en ojos fáquicos respecto a pseudofáquicos, una diferencia que los autores atribuyen a las características de la cohorte estudiada.
En cuanto al tratamiento profiláctico, el láser redujo significativamente el riesgo de desprendimiento de retina en el ojo contralateral. El mayor beneficio se observó en pacientes con antecedente de desprendimiento en el ojo primario, donde fue necesario tratar a menos de cinco pacientes para prevenir un nuevo desprendimiento.
A pesar de estos resultados, los autores recuerdan que el estudio es retrospectivo y observacional, por lo que no permite establecer una relación causal definitiva. En consecuencia, recomiendan individualizar la indicación del láser profiláctico tras una exploración periférica minuciosa y una adecuada valoración de los factores de riesgo.
Tres mensajes clave para la práctica clínica
Los tres artículos revisados en este episodio aportan información relevante para la práctica diaria del oftalmólogo:
- En el desprendimiento de retina asociado a desgarro gigante, el gas constituye una alternativa eficaz al aceite de silicona en pacientes cuidadosamente seleccionados, mientras que la proliferación vitreorretiniana continúa siendo el principal factor pronóstico.
- La continuación del tratamiento intravítreo con antiangiogénicos tras un ictus o un infarto no parece asociarse a un peor pronóstico sistémico, aunque la decisión debe individualizarse en colaboración con otros especialistas.
- Los pacientes con desprendimiento de retina previo y degeneración en empalizada en el ojo contralateral representan el grupo que más puede beneficiarse de una valoración individualizada y, en determinados casos, del tratamiento profiláctico con láser.


