SERV – Sociedad Española de Retina y Vítreo

DMAE no exudativa, endoftalmitis y MNV miópica

Comparte este post

En este nuevo episodio de Trends in Retina, el podcast de la Fundación Retina Plus con la supervisión científica de la Sociedad Española de Retina y Vítreo (SERV), se revisan tres publicaciones recientes que abordan cuestiones de gran relevancia para la práctica clínica diaria. Los artículos analizan la utilidad del signo de la doble capa como marcador de neovascularización macular no exudativa, los factores de riesgo de endoftalmitis tras vitrectomía pars plana y la respuesta al tratamiento anti-VEGF en la membrana neovascular miópica según su subtipo anatómico.

¿Es el signo de la doble capa un marcador fiable de neovascularización no exudativa?

El primer trabajo, publicado en JAMA Ophthalmology, estudia la capacidad del signo de la doble capa (Double Layer Sign, DLS) observado en la OCT estructural para identificar neovascularización macular no exudativa en el ojo contralateral de pacientes con degeneración macular asociada a la edad (DMAE) neovascular unilateral.

La neovascularización no exudativa constituye un hallazgo de especial interés, ya que incrementa significativamente el riesgo de progresión hacia una forma exudativa. Sin embargo, la angiografía por OCT (OCT-A), considerada la técnica de referencia para su detección, no siempre está disponible en la práctica clínica, motivo por el que muchos especialistas recurren al signo de la doble capa como marcador indirecto.

Para evaluar su utilidad diagnóstica, el grupo EYENEON llevó a cabo un estudio prospectivo multicéntrico en 25 hospitales del Reino Unido, incluyendo 550 ojos contralaterales de pacientes con DMAE exudativa unilateral de reciente diagnóstico.

Los resultados mostraron que el signo de la doble capa estaba presente en aproximadamente el 20 % de los ojos estudiados. No obstante, únicamente el 8,5 % presentaba realmente una neovascularización macular no exudativa confirmada mediante OCT-A, lo que implica que solo cuatro de cada diez ojos con este hallazgo estructural albergaban una membrana neovascular.

El estudio también analizó diferentes características morfológicas del signo de la doble capa. Los signos de mayor grosor (más de 40 micras) y aquellos con reflectividad heterogénea se asociaron con una mayor probabilidad de contener una red vascular. Sin embargo, ninguno de estos parámetros ofreció una precisión diagnóstica suficiente cuando se analizaban de forma aislada.

Como conclusión práctica, los autores destacan que el signo de la doble capa debe interpretarse como una señal de alerta que justifica ampliar el estudio mediante OCT-A, pero no como un criterio diagnóstico definitivo de neovascularización macular no exudativa.


Endoftalmitis tras vitrectomía: ¿qué procedimientos incrementan realmente el riesgo?

El segundo artículo, publicado en Ophthalmology Retina, aborda una de las complicaciones más temidas de la cirugía vitreorretiniana: la endoftalmitis postoperatoria.

Los investigadores analizaron retrospectivamente más de 36.000 vitrectomías pars plana realizadas durante once años en el Moorfields Eye Hospital de Londres, identificando todos los casos de endoftalmitis mediante diferentes estrategias de búsqueda en los registros clínicos.

La incidencia global observada fue del 0,05 %, una cifra consistente con la literatura previa. Sin embargo, el interés principal del estudio radica en el análisis del riesgo según el tipo de procedimiento realizado durante la cirugía.

Las vitrectomías convencionales con pelado de membrana limitante interna presentaron un riesgo similar al promedio general. En cambio, cuando la intervención incluía maniobras sobre la lente intraocular, el riesgo aumentaba considerablemente.

Los procedimientos con inserción secundaria de una lente intraocular multiplicaban aproximadamente por cinco el riesgo de endoftalmitis; la extracción de la lente lo hacía por diez; y la combinación de extracción e implantación en el mismo acto quirúrgico alcanzaba el mayor riesgo observado en el estudio.

Otro hallazgo relevante fue la asociación entre el uso de tamponador fluido y un incremento cercano a seis veces del riesgo de infección, aunque los autores señalan que, debido al diseño retrospectivo, esta relación no permite establecer una causalidad directa.

En cuanto a la evolución clínica, casi el 40 % de los ojos con endoftalmitis finalizaron con una agudeza visual limitada a percepción de luz o incluso ausencia de percepción luminosa. Además, los casos asociados a Pseudomonas evolucionaron hacia evisceración en menos de un mes.

El estudio no encontró asociación entre la aparición de endoftalmitis y factores como la edad, el sexo, la etnia, el nivel socioeconómico, el calibre de la vitrectomía, la duración quirúrgica o las condiciones ambientales. Los autores concluyen que el tipo de procedimiento realizado constituye el principal determinante del riesgo infeccioso y recomiendan adaptar tanto el consentimiento informado como el seguimiento postoperatorio cuando la cirugía incluye manipulación de la lente intraocular.


Membrana neovascular miópica: ¿importa realmente el subtipo anatómico?

El tercer trabajo, publicado en la revista Retina, analiza si el subtipo anatómico de la membrana neovascular miópica condiciona la respuesta al tratamiento antiangiogénico intravítreo.

Los investigadores revisaron retrospectivamente una cohorte de 171 ojos tratados durante un año, comparando específicamente las membranas neovasculares tipo 1, localizadas bajo el epitelio pigmentario de la retina, con las tipo 2, situadas entre el epitelio pigmentario y la retina neurosensorial.

Aunque las membranas tipo 1 representaban aproximadamente el 20 % de los casos activos y se asociaban inicialmente a peor agudeza visual, mayor degeneración macular miópica y mayor cantidad de fluido intrarretiniano, la respuesta al tratamiento fue comparable a la observada en las membranas tipo 2.

Ambos grupos obtuvieron una ganancia media de aproximadamente 2,2 líneas de agudeza visual, con un número similar de inyecciones y tasas equivalentes de recurrencia. En el análisis multivariante, el subtipo anatómico dejó de ser un predictor independiente del resultado visual.

Los factores que sí mostraron capacidad predictiva fueron la agudeza visual basal, el grado de maculopatía miópica, la presencia inicial de fluido intrarretiniano y la persistencia de exudación hiperreflectiva subretiniana o alteraciones de la zona de los elipsoides durante el seguimiento.

Los autores concluyen que la decisión de tratar no debe basarse en el subtipo anatómico de la membrana, sino en la existencia de actividad neovascular demostrada mediante la presencia de fluido, exudación o fuga angiográfica.


Tres mensajes clave para la práctica clínica

Este episodio de Trends in Retina deja tres conclusiones de gran utilidad para la práctica asistencial:

  • El signo de la doble capa constituye un hallazgo útil para identificar pacientes con mayor riesgo, pero requiere confirmación mediante OCT-A antes de establecer el diagnóstico de neovascularización macular no exudativa.
  • El riesgo de endoftalmitis tras vitrectomía aumenta significativamente cuando la cirugía incluye manipulación de la lente intraocular, lo que obliga a extremar las medidas de vigilancia y el seguimiento postoperatorio.
  • En la membrana neovascular miópica, el tratamiento antiangiogénico debe indicarse en función de la actividad de la lesión y no del subtipo anatómico, ya que las membranas tipo 1 y tipo 2 muestran una respuesta terapéutica similar.