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¡Ojo con los Poppers!

Todos conocemos en mayor o menor medida los efectos que producen algunas drogas de consumo en el organismo y más concretamente en el ojo, que es lo que nos atañe a los oftalmólogos. Como es bien sabido, cada vez existen más sustancias psicoactivas en el “mercado”. El problema es que el conocimiento de los facultativos, alejados en general de la vida nocturna y recreativa, se reduce a las consecuencias oculares que producen el cannabis, la cocaína o el LSD, y la mayoría desconoce los efectos de gran parte de ellas –sino de todas…-

En los últimos años han aparecido casos de maculopatía asociada a una droga cuyo uso es relativamente frecuente entre los jóvenes, los Poppers. Estas sustancias químicas, cuyo nombre es onomatopéyico debido al ruido que hace el tapón al separarse del envase, son derivadas de una sustancia volátil: el nitrito de alquilo.

Curiosamente, el nitrito de amilo se utilizó como tratamiento de la angina de pecho por su efecto vasodilatador de las arterias coronarias. Uno de los primeros en utilizarlo en el siglo pasado fue el médico escocés Thomas L. Brunton. Otro uso que tenía esta sustancia era como antídoto frente a la intoxicación por cianuro. De hecho, no faltaba en los equipos de emergencia de la época. Pero de los botiquines pasó a las discotecas en los años setenta y empezó a usarse como uso recreativo.

Al inhalarse la sustancia en cuestión, produce una dilatación de los vasos sanguíneos que conlleva una disminución de la presión arterial y un aumento de la frecuencia cardíaca. Aparece una sensación de calor, incluso de euforia. Quizá el efecto más buscado sea la relajación de la musculatura lisa (sí, de los esfínteres), que facilita las relaciones sexuales, especialmente entre homosexuales, aunque no exclusivamente. Todo ello hace que los consumidores relaten un aumento del placer en sus relaciones. El problema es que, como otras muchas cosas en la vida, dura demasiado poco, tan sólo unos minutos. Por lo visto, a algunos les merece la pena…

¿Por qué no tenemos constancia de alteraciones maculares previas al año 2010? Porque el nitrito de isobutilo, la base de los Poppers hasta ese momento, se clasificó como cancerígeno, y los fabricantes empezaron a utilizar el nitrito de isoalquilo. El cambio de legislación referente a la composición de estas sustancias en el año 2007 puso de manifiesto un efecto indeseable desconocido hasta ese momento: la afectación de la retina. Los pacientes presentan una disminución de visión en ambos ojos, apareciendo un escotoma central bilateral. La tomografía de coherencia óptica (OCT) ayuda a diagnosticar el proceso, apreciándose una imagen idéntica a la que se observa en la maculopatía solar: una disrupción focal en la capa de elipsoides a nivel foveal. Por ello, siempre que sospechemos que un paciente ha podido perder visión por mirar directamente al sol, hemos de preguntar también por el consumo de estas sustancias.

El mecanismo por el que se produce el daño de las células responsables de la visión más precisa y central de la mácula se desconoce hoy en día, aunque el óxido nítrico que pasa a la circulación sanguínea al inhalar la droga puede tener algo que ver. Es bien sabido que el óxido nítrico modula la función y el metabolismo de los fotorreceptores y además tiene la capacidad de activar una enzima, la guanilato ciclasa, que es clave para la restauración de la función celular tras la transducción. No está tampoco clara la relación del daño macular con la luz. Podría existir un aumento individual de la sensibilidad a la luz que facilitara la lesión. Eso sí, parece haber una relación directa entre el daño retiniano y la dosis inhalada de sustancia, teniendo además un efecto acumulativo.

En nuestra corta experiencia (tres casos) no hemos detectado una mejoría en la sintomatología que relatan los pacientes con el paso del tiempo, aunque sí una neuroadaptación como con la que ocurre con las miodesopsias.

Por todo ello, es importante que conozcamos que los Poppers existen y se consumen, especialmente en hombres que tienen relaciones con otros hombres, y que pueden dañar las células de la retina produciendo una maculopatía que provoca, en algunos casos, una pérdida irreversible de la visión central.

¡Ojo!

 

José Ignacio Vela